De madrugada entre la oscuridad intento ver las cosas claras. Envuelta en un ruidoso silencio acompañada de pensamientos a la luz de la media Luna que con indiferencia observa desde las extraterrestres alturas, y bajo ella todo un mundo… Calles teñidas de un tono anaranjado por donde circulan algunos motores que rugen de fondo, un sonido que casi se asemeja al de las olas cuando rompen en las orillas de toda playa. A penas sopla el viento, se mantiene en calma, y yo intento perseguir dicho sosiego que me mantenga igual de tranquila, pero ni aunque el viento soplara se llevaría volando toda preocupación y problema…
Adoro disfrutar de momentos como este, un descanso entre luchas y guerras, relativa paz. Pero mi mente no es capaz de mantenerse en blanco cual bandera de rendición.
Desde aquí imagino más allá de todos esos muros y observo con ojos de Luna el mundo tan grande y pequeño a la vez… A lo lejos puntos de luz titilantes y sólo yo iluminada por un astro y las estrellas que lo acompañan y decoran el oscuro vacío que me hace sentir aislada y llena de fuerza.
Cuando de pequeñas mi hermana y yo pasábamos largos meses sin ver a nuestra madre, ella nos decía “Cuando me echéis de menos por las noches mirad a la Luna y yo también la estaré mirando al mismo tiempo…”.
La civilización en miniatura abarcando miles de millones de kilómetros, sólo unos pocos hasta los que alcanza mi vista a través de dos cristales. Y dentro de esa grandeza reducida a puntos existen cosas aún más pequeñas, tan vitales que incluso superan la propia grandeza del conjunto luminoso que a partes reconoces a lo lejos, lugares tan separados entre sí… Y te sorprendes pensando que en algún momento estuviste allí… tan lejos…
Buscas entre todos esos puntos, sabes que entre ellos están esas cosas importantes, esas cosas que te hacen pensar y te provocan ansiedad y sinónimos que no te dan la paz completa.
Desde luego tal panorama de frente obliga a creer en cosas del destino.
Puedes ver que has dado tantos pasos…
Frente a mí, volviendo a la realidad de los muros, hay un chico en su casa, sentado en su sofá, fumando y viendo la tele a solas. No sé quién es, ni como se llama. No le conozco, en cambio, dentro de las kilométricas dimensiones de la Tierra, tengo su referencia espacial, sé dónde reside, pero, ¿de qué me sirve saberlo si no es nadie importante para mí? ¿Dónde está quien verdaderamente es esencial para mi vida? ¿Dónde? ¿Por qué ese chico no es esa persona? Me siento perdida. Grito en silencio, le llamo tan solo imaginando algún lugar donde pueda estar, porque sé que existe… Mis ojos, mis oídos y mi olfato me lo dicen cuando el destino nos junta, pero aún ni el gusto ni el tacto saben de su existencia y piden desesperados una prueba de ello. Es tan significativo… me resulta tan especial e indispensable… Mi dolor y mi cura. Necesito tenerle cerca, incluso más cerca que el extraño de en frente, tan cerca como para notar sus respiraciones y comprobar que sigue formando parte de mi supervivencia. Necesito mirarle a los ojos en silencio y decírselo todo a través de ellos. Necesito besarle, sentirle, darle placer, formar parte de su intimidad, de sus desahogos… Quiero ser su confidente, dormir abrazada a él cada noche, caminar con él de la mano, ser su protectora, compartir buenos y malos momentos, superar cualquier barrera juntos…
Necesito salir de la monotonía que se ha creado entre nosotros, pero no quiero autodestruirme. Debería saber quién soy yo para él o dejarle aún más claro si cabe quien es él para mí. Será lo segundo, corro menos riesgos. Pero cualquiera de las dos opciones me dice que, en definitiva, debo seguir siendo fuerte.
Sueño con vernos una tarde o una noche y recorrer muchos puntos luminosos mientras caminamos y nos conocemos de una forma más personal y tranquila. Pasar un buen rato juntos, reír, tomar algo… o simplemente sentarnos a solas a contemplar la vida que me ha dado la oportunidad de vivir para verle, ¿pero de qué me sirve vivir si no puedo tenerle? Ya hace tiempo que no vivo, cada día es un reto que hay que superar sobreviviendo, y a eso me dedico.
Sólo espero poder compartir estas vistas con él…








